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La parábola de la cooperativa de canguros

octubre 11, 2009

En 1978, dos de las más insignes instituciones de Washington D.C. luchaban en sus respectivas batallas contra la inflación: la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal y la Gran Cooperativa de Canguros de Capitol Hill. Ninguna de ellas estaba ganando la partida en el momento en que Joan Sweeney y Richard James Sweeney, del Departamento del Tesoro, publicaban la historia de la cooperativa en el Journal of Money, Credit, and Banking bajo el título de Monetary Theory and the Great Capitol Hill Baby Sitting Co-op Crisis.

En la citada cooperativa, cada una de las más de 150 parejas hacía de canguro para los hijos de las demás. Para poder coordinar una organización tan grande (en términos relativos) y que las tareas se repartieran de forma justa, diseñaron un sistema de vales o cupones. Cada cupón valía por media hora de cuidado de los niños, e inicialmente se distribuyeron cupones por valor de 20 horas a cada pareja, que deberían devolver si deseaban abandonar la cooperativa. El resultado era una economía en miniatura, un experimento natural sobre teoría monetaria.

Y, a pesar de su simplicidad, la economía disponía de los elementos suficientes para manifestar el fenómeno de las recesiones. El núcleo básico del pensamiento keynesiano se puede encontrar en la cooperativa de canguros: Krugman, quien ha usado esta historia con frecuencia para dicho fin (véase, por ejemplo, su exposición de la misma en Slate), asegura que “explica más sobre las recesiones y sus causas que un año de editoriales del Wall Street Journal“.

Si a largo plazo, cada pareja cuidaba los hijos de los demás el mismo tiempo que los demás cuidaban sus hijos, ¿qué podía ir mal? El secreto estaba en las reservas de cupones. En algunos periodos de tiempo, una pareja podría salir más tiempo del que cuidaba a sus hijos, si lo compensa en otros periodos a la inversa. Pero, para poder hacerlo, necesita tener una reserva de cupones; por lo tanto, lo que una pareja sale y trabaja en cada periodo depende de sus reservas: si sus reservas de cupones son bajas, entonces la pareja intentará salir menos y “trabajar” más y viceversa: si una pareja tiene muchos cupones, querrá cuidar poco y salir mucho. Para representar gráficamente estas relaciones, he dibujado este diagrama:

S&D de una pareja

S&D de una pareja

La curva (que es, en este esquema, una recta) de oferta es la cantidad de horas que la pareja está dispuesta a cuidar en ese instante, en función de las reservas; la demanda es la cantidad de horas que la pareja está dispuesta a salir. R* es la cantidad de reservas en la cual la pareja sale tanto tiempo como cuida a los retoños de las demás familias. Como inciso, destaco que esto no es un diagrama microeconómico de oferta y demanda clásico (precio frente a cantidad), sino una herramienta que voy a utilizar para aclarar las ideas; tampoco son unas funciones fijas, sino que varían en el tiempo y entre parejas. Ahora, si escogemos un nivel de reservas y trazamos una línea vertical, veremos que corta a las corta a las curvas de oferta y demanda en dos puntos:

S&D para un nivel R0 de reservas

S&D para un nivel R0 de reservas

En este nivel de reservas, la pareja desea cuidar hijos más tiempo del que quiere salir, con lo que aumentará su reserva de cupones hasta que llegue a R*. También vemos que el superávit (la cantidad neta de cupones que gana en ese periodo, que es igual a lo que incrementan sus reservas) es una función decreciente de las reservas, para cada pareja. Esto es posible porque hay otras parejas que tienen déficit (es decir, un superávit negativo), ya que el dinero no cae del cielo sino de otras familias; por lo tanto, la lógica nos dice que la suma de los superávits de todas las familias de esta economía ha de ser igual a 0. Sin embargo, si dibujamos el diagrama de oferta y demanda de cada familia, vemos que la suma de los superávits deseados (que llamaré “superávit agregado”, término inexistente hasta donde llegan mis conocimientos) no tienen por qué ser igual a 0. ¿Cómo es esto posible?

"Superávit agregado"

"Superávit agregado"

La respuesta es que los superávits que hemos dibujado con estos diagramas son superávits deseados; sin embargo, como en la realidad los superávits suman 0, el resultado final es que las familias no pueden obtener los superávits que quieren. Si el superávit agregado es mayor que 0, entonces la suma de las horas ofertadas es superior a la suma de las horas demandadas: es decir, la demanda es inferior a la oferta. Por lo tanto, la cantidad de horas de canguro intercambiadas en esta economía será inferior a la que quieren las parejas: habrá “desempleo” involuntario. Además, como el superávit que obtenga cada pareja no será el que desea, las reservas nunca aumentarán hasta llegar al nivel en que el superávit agregado sea 0.

Traduzcamos nuestros resultados al lenguaje común: algunas parejas, con reservas insuficientes, intentar obtener más cupones de los que gastan; como sólo pueden obtenerlos de otras parejas, si estas parejas también tienen problemas con las reservas, entonces ninguna de ellas querrá gastar lo suficiente y la cooperativa caerá en una recesión. Dicho de otra manera: si una pareja no consigue suficientes vales, entonces intentará gastar menos cupones, lo que hará que otras familias consigan menos cupones y la espiral acaba dejando la economía congelada en la recesión: la caída de la demanda ralentiza la economía.

El problema tiene dos soluciones: con la “política monetaria”, la cooperativa decide emitir más cupones y dárselos a las parejas, con lo que saldrán más a menudo (aumentando la demanda); en el diagrama anterior, equivaldría a mover hacia la derecha la línea vertical. Mediante la “política fiscal”, un grupo de familias que interprete el papel del Gobierno decidirá gastar más de lo que ahorra, reduciendo sus reservas: esto aumentará las reservas del resto de las familias, aumentando la demanda y reactivando la economía.

Así solucionó la cooperativa su recesión. Sin embargo, poco después, tuvieron el problema opuesto. Con abundancia de cupones, todo el mundo quería gastarlos pero nadie quería cuidar niños, lo que llevó de nuevo a la recesión. Es en ese momento cuando los Sweeney escriben su texto.

¿Por qué los clásicos creían que este fenómeno (una recesión prolongada) no era posible en una economía de mercado? Antes de Keynes, un problema de este estilo (“general glut”), en el que la oferta supera a la demanda en toda la economía se descartaba como imposible por la ley de Say. La ley de Say afirma que, como en última instancia todos los productos son intercambiados por otros productos, entonces no puede existir un “general glut”, porque “cada oferta lleva aparejada su demanda”: una compra es a la vez una venta, y viceversa, con lo que el intercambio genera suficiente renta como para que la economía opere a máxima capacidad. Si acaso, podrían existir crisis de subdemanda en un sector concreto, a la vez que hay un problema de escasez  (es decir, de signo contrario) en otro sector (de forma que se cancelen en agregado). En la visión de los clásicos, el dinero sería sólo un intermediario, y aumentar la cantidad de dinero simplemente aumenta el nivel de precios. Y las teorías del ciclo económico antes de Keynes tenían que incluir todo tipo de artilugios esotéricos para explicar la dinámica expansión – recesión – expansión, y así ad infinitum.

Pero el dinero no es un bien cualquiera, que se puede producir por parte de las empresas, sino que es creado por factores exógenos (descubrimientos de oro, en el caso del patrón oro) o por el Gobierno: su oferta es independiente. Cuando las personas pueden acumular dinero (o cupones) en lugar de bienes, la ley de Say se convierte en una tautología sin utilidad práctica. Pensando el dinero como otro bien, en una recesión existe una crisis por falta de demanda en todos los bienes salvo el dinero (cupones), y una crisis por exceso de demanda en el dinero (que sólo es su imagen especular), de modo que se compensan la una con la otra. ¿Por qué? Para hallar la respuesta, retrocede unos párrafos (hasta el segundo diagrama) y gira el monitor 90º en el sentido de las agujas del reloj.

Está bien, mejor no lo hagas; en su lugar, voy a girar yo la imagen esos 90º. Pero voy a cambiar el nombre de la magnitud representada en un eje: en lugar de “Reservas”, se va a llamar “Precio”, y va a aumentar hacia arriba y no hacia abajo. El resultado es este:

Oferta y demanda, versión microeconómica

Oferta y demanda, versión microeconómica

Es un mercado neoclásico estándar: pero, ahora, representa toda la economía. La restricción que representaba las reservas se ha transformado en una restricción de precio. Y si el precio está fijo, entonces hay una escasez: de nuevo, la demanda es inferior a la oferta, lo que crea desempleo involuntario. En otras palabras, lo que falla no es el motor de la economía, sino su transmisión. ¿Pero qué es esa restricción en el precio y por qué es la misma que la restricción sobre la cantidad de cupones en reserva?

La primera respuesta no es muy difícil: la restricción en el precio viene dada por las reglas de la cooperativa. Un cupón es media hora, con lo que el precio de una hora está fijo y son dos cupones. Para responder a la segunda pregunta, imaginemos, en su lugar, que se permite intercambiar cupones por más o menos horas de canguro. La teoría microeconómica estándar nos dice que, bajo determinados supuestos, se establecerá un equilibrio en la intersección de la oferta y la demanda. El precio disminuirá (por ejemplo, a 1.5 cupones por hora – es decir, 40 minutos por cupón) y la cantidad de horas aumentará: la economía sale por sí misma de la recesión. Pero si cada cupón vale ahora 40 minutos en lugar de 30 minutos, entonces las reservas (medidas en horas) habrán aumentado: los cupones son los mismos, pero ahora valen más.

La condición necesaria para que este proceso se produzca es que los precios y salarios sean flexibles; sin embargo, incluso en ausencia de regulación (como en el ejemplo de la cooperativa), la evidencia empírica muestra que son rígidos, y especialmente a la baja (por diversos factores). Sólo esta simple condición transforma un modelo clásico (reformulado en términos modernos) en un modelo keynesiano¹ (y un modelo neoclásico en un modelo neokeynesiano), y hace posibles las recesiones. El hecho de que el ajuste de precios y salarios no es instantáneo sino lento es el pilar del keynesianismo: hace posible el multiplicador y dota de vida al modelo de la preferencia por la liquidez.

Los economistas clásicos ignoraron esos problemas, sólo relevantes en el corto y medio plazo. De este modo, construyeron una economía de equilibrio general tan útil como la física clásica sin el rozamiento. Sus modelos habían conseguido algunos éxitos en microeconomía, igual que el estudiante de secundaria puede calcular la trayectoria de un tiro parabólico sin pensar en el rozamiento. Otros fenómenos, sin embargo, quedaban fuera de su alcance, e hizo falta tener en cuenta el rozamiento para conseguir teorías realistas; el corto plazo era importante, después de todo.

Now “in the long run” this [way of summarizing the quantity theory of money] is probably true… But this long run is a misleading guide to current affairs. In the long run we are all dead. Economists set themselves too easy, too useless a task if in tempestuous seasons they can only tell us that when the storm is long past the ocean is flat again.

— Keynes, A Tract on Monetary Reform (1923)

Referencias:

Notas:

¹ El keynesianismo tiene muchos más componentes (es imposible completarlo sin la preferencia por la liquidez o el multiplicador), al igual que hay muchos más fenómenos que tienen lugar en una recesión (hay que incluir el interés y la inversión, añadiendo más complejidad al análisis)

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3 comentarios

  1. […] La parábola de la cooperativa de cangurosmagnetotrouble.wordpress.com/2009/10/11/parabola-cooperativa… por Vordin hace pocos segundos […]


  2. No os creáis ni media palabra. Todo esto son pútridas, pestilentes, deleznables embustes. ¿Es que no lo veis? Esos gráficos están hechos con PAINT.


  3. Una manera muy alambicada de decir lo mismo que John Law. Por cierto ¿Qué papel desempeña el capital en este modelo? La respuesta es sencilla, ninguno. Una teoría económica que no incluya una teoría del capital no tiene ninguna validez explicativa.



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